"Yo sólo tenía diecisiete años, era poco más que un niño. Cuando los ojos de Tesla me atravesaron, probé por primera vez el sabor de la muerte. Eso se aproxima más a lo que quiero decir. Noté en la boca el sabor de la mortalidad y en ese momento comprendí que no viviría eternamente. Se tarda mucho en aprender eso, pero cuando finalmente lo aprendes, todo cambia en tu interior, ya nunca vuelves a ser el mismo. Yo tenía diecisiete años y de pronto, sin la menor sombra de duda, comprendí que mi vida era mía, que me pertenecía a mí y a nadie más.
Estoy hablando de libertad, Fogg. Una sensación de desesperación que se hace tan grande, tan aplastante, tan catastrófica, que no tienes otra opción más que la de ser liberado por ella. Es la única opción, porque de no ser esa, te arrastrarías a un rincón y te dejarías morir. Tesla me dio la muerte y en ese momento supe que iba a ser pintor. Eso es lo que yo quería hacer, pero hasta entonces no había tenido los cojones de admitirlo."
hola! gracias por tu mensaje en mi blog precisamente sobre este libro que parece que compartimos, en su pasión, en sus palabras. Uno de mis libros preferidos de ese tal Auster.
ResponderEliminarY gracias también por tus propios fragmentos para volver a leer esos fragmentos sobre la historia de un padre, también desde su pasión y su descubrimiento en esa mortalidad que nos atraviesa en momentos particulares, para tomar y sostener decisiones que posponiéndolas se sepultarían de muerte, sin la marca de lo vivido y dejado a otros.
Gracias!!!!