miércoles, 3 de junio de 2009

Mentes insalubres: La Historia del Monstruo Pepicuqui (corte I)

LA HISTORIA DEL MONSTRUO PEPICUQUI
Un Melocomeditragicodrama
    En un pueblo muy lejano, donde no iba el afilador (y el panadero tampoco iba)...
    Martes Jueves 14 de Júpiter de Enero:
Os voy a contar una historia que me sucedió en el parque... No había nacido todavía, cuando intentaba suicidarme. Si alguien está escuchando esto es porque ya he muerto. La historia irremediable, aaaahhhh. No puedo más, tengo la sangre que me hierve de morder muchas pichas por doquier.
    - ¿Me puedo hacer un canuto de esto?
    - Esto es solo pelo, reserva del 94.
    - Mira que tacto tienen estos tapones, dan ganas de morderlos.
Siento haber hecho tanto daño a la gente que me quería. La primera vez que fui al quiosco del Paco le pregunté "¿tiene usted la razón?", "claro, cada vez que hablo". Me invitaba a gusanitos de mantequilla, me succionaba el glande y la caca y en ese momento sentí algo palpitar, sudar. Me pegó el minocarpio. Me lo dijo la Paquita, la de la triste figura, la mujer del Petraco, los del 2º.
    - ¿Cómo sabe usted, Paquita, que tengo el minocarpio?
    - Me lo dijo el panadero, que llevaba empanadillas.
Y entonces pensé "ah, claro, la típica 3-14 pero invertida". Los olvidos se me recordaron antes de mañana al amanecer. 
Minocarpio es el síndrome de Gromenauer, no puedor, no puedor, me decía enfrente del espejo con los ojos como pétalos de cucarachas y de escarcha.
No puedo controlarme, la medicación no funciona. Bueno, no hay medicación, pero me drogo a diario. Esto es imposible...
Después de esta treta mascullante, he tomado una decisión (me parto el ojete, tío): no voy a ir a comprar al Pryca; voy allí a comprar y doy más vueltas que Willy Fog. 
Creo que me muero. No tengo buen aspecto. Me ha salido un perro en el huevo izquierdo y no hay bozal de tal calibre que le pueda cerrar la boca.
Desde que me levanto hasta que me acuesto, noto en mí el gorrioncito que cacé de niño en Villamancos... Recuerdo Villamancos, cuando era pequeño, los niños jugando, el afilador... ah, no. Los esparragos eran muy ricos tomando una cañita al aire fresco del sol. El párroco tocaba el clavicordio y se le caían duros de las patatas. Fue el alcalde con solo seis años; en el país de los mancos, el rey es el que se da pajas con la mano.
Continuará...

martes, 26 de mayo de 2009

Fragmentos: Crimen y castigo (Fedor Dostoievski, 1866)


Aquella tarde, el temor que experimentaba ante la idea de encontrarse con su acreedora le llenó de asombro cuando se vio en la calle. '¡Que me inquieten semejantes menudencias cuando tengo en proyecto un negocio tan audaz! -pensó con una sonrisa extraña-. Sí, el hombre lo tiene todo al alcance de la mano, y, como buen holgazán, deja que todo pase ante sus mismas narices... Esto es ya un axioma... Es chocante que lo que más temor inspira a los hombres sea aquello que les aparta de sus costumbres. Sí, eso es lo que más los altera... ¡Pero esto ya es demasiado divagar! Mientras divago, no hago nada. Y también podría decir que no hacer nada es lo que me lleva a divagar. Hace ya un mes que tengo la costumbre de hablar conmigo mismo, de pasar días enteros echado en mi rincón, pensando... tonterías... Porque, ¿qué necesidad tengo yo de dar este paso? ¿Soy verdaderamente capaz de hacer... "eso"? ¿Es que, por lo menos, lo he pensado en serio? De ningún modo: todo ha sido un juego de mi imaginación, una fantasía que me divierte... Un juego, sí; nada más que un juego.'

(...)

¿Donde he leído -pensó Raskólnikov prosiguiendo su camino-, dónde he leído lo que decía o pensaba un condenado a muerte una hora antes de que lo ejecutaran? Que si debiera vivir en algún sitio elevado, encima de una roca, en una superficie tan pequeña que sólo ofreciera espacio para colocar los pies, y en torno se abrieran el abismo, el océano, tinieblas eternas, eterna soledad y tormenta; si debiera permanecer en el espacio de una vara durante toda la vida, mil años, una eternidad, preferiría vivir así que morir. ¡Vivir, como quiera que fuese, pero vivir!

sábado, 23 de mayo de 2009

Fragmentos: El Palacio de la Luna (Paul Auster, 1989)

"Yo sólo tenía diecisiete años, era poco más que un niño. Cuando los ojos de Tesla me atravesaron, probé por primera vez el sabor de la muerte. Eso se aproxima más a lo que quiero decir. Noté en la boca el sabor de la mortalidad y en ese momento comprendí que no viviría eternamente. Se tarda mucho en aprender eso, pero cuando finalmente lo aprendes, todo cambia en tu interior, ya nunca vuelves a ser el mismo. Yo tenía diecisiete años y de pronto, sin la menor sombra de duda, comprendí que mi vida era mía, que me pertenecía a mí y a nadie más.

Estoy hablando de libertad, Fogg. Una sensación de desesperación que se hace tan grande, tan aplastante, tan catastrófica, que no tienes otra opción más que la de ser liberado por ella. Es la única opción, porque de no ser esa, te arrastrarías a un rincón y te dejarías morir. Tesla me dio la muerte y en ese momento supe que iba a ser pintor. Eso es lo que yo quería hacer, pero hasta entonces no había tenido los cojones de admitirlo."

jueves, 14 de mayo de 2009

CUASIRRELATOS: Insomnio (capítulo I)

Era algo más de la una de la madrugada cuando empezó a sonar mi móvil. No pensaba cogerlo en absoluto. Tras insistir tres o cuatro veces, lo apagué y me revolví en el sofá tratando de volver a dormir. La película que me había puesto para no ver ya había terminado y el salvapantallas del dvd rebotaba a lo largo y ancho de la pantalla mientras cambiaba de color. Me levanté a mear. El primer chorro salió algo desviado y mojó un poco la ropa sucia que me quité antes de ducharme y había dejado perezosamente allí tirada. Entonces, el puro acto mecánico que media entre el sueño y la vigilia, dio paso a la consciencia de manera feroz. Todo volvió a mi mente y ya no hubo somnífero capaz de sofocar aquel tormento. El corazón me latía a mil por hora y no había manera de detenerlo. 

Del todo incapacitado para hacer algo coherente, volví a sentarme en el sofá y me encendí un cigarrillo tras otro. En el minúsculo salón sólo había un tresillo incómodo con la funda medio caída, un viejo telévisor y un dvd en la pared de enfrente y una mesa baja a mitad de camino con un hule de flores horroroso. Sobre éste quedaban los restos de una batalla por conquistar algo de paz que me permitiese dormir un rato: un vaso con una bolsita de tila, una caja de somníferos, dos ceniceros saturados de colillas, un paquete de winston a medio, otro vacío y un mechero de propaganda del PP.

Dos horas más tarde, totalmente agotado por el ritmo frenético al que mi mente me torturaba sin descanso, decidí encender el móvil para deshacer la duda que me roía. Empezaron a llegarme mensajes de llamadas perdidas: dos de un número desconocido, otros dos de un fijo que tampoco conocía y un quinto desde el móvil de Roberto, hacía apenas una hora. Aparte de éstos, me llegó un mensaje de texto del móvil desconocido. El mensaje decía: "Hola Dani. Soy Noelia, no sé si me recuerdas, la mujer de tu amigo Roberto. Por favor, necesito hablar contigo urgentemente. Necesito tu ayuda. Prefiero contártelo en persona. Llámame tan pronto veas el mensaje.". El corazón me dió un vuelco y apenas pude aguantar la nausea. Corrí al baño y vomité lo poco que había cenado, parte dentro del váter, parte sobre la misma ropa sucia. No sabía qué pensar. Sentía auténtico pánico. Traté de calmarme pensando que no era posible que nadie supiera nada. Eran las tres y cuarto de la mañana. Para entonces Roberto llevaba doce horas muerto, las mismas doce horas que hace que lo maté.

Todo un reto

Si señor, la primera entrada de mi primer blog. Todo un reto para mí. Un reto porque día tras día ando sumido en una pereza que me permite empezar muchas cosas pero no terminar ninguna. Así es que voy a probarme. Trataré de disfrutarlo todo lo que pueda y encontrar motivaciones que me lleven a mejorarlo poco a poco y a darle un rumbo concreto.

Espero que os guste y lo disfruteis vosotros también.

Saludos.