LA HISTORIA DEL MONSTRUO PEPICUQUI
Un Melocomeditragicodrama
En un pueblo muy lejano, donde no iba el afilador (y el panadero tampoco iba)...
Martes Jueves 14 de Júpiter de Enero:
Os voy a contar una historia que me sucedió en el parque... No había nacido todavía, cuando intentaba suicidarme. Si alguien está escuchando esto es porque ya he muerto. La historia irremediable, aaaahhhh. No puedo más, tengo la sangre que me hierve de morder muchas pichas por doquier.
- ¿Me puedo hacer un canuto de esto?
- Esto es solo pelo, reserva del 94.
- Mira que tacto tienen estos tapones, dan ganas de morderlos.
Siento haber hecho tanto daño a la gente que me quería. La primera vez que fui al quiosco del Paco le pregunté "¿tiene usted la razón?", "claro, cada vez que hablo". Me invitaba a gusanitos de mantequilla, me succionaba el glande y la caca y en ese momento sentí algo palpitar, sudar. Me pegó el minocarpio. Me lo dijo la Paquita, la de la triste figura, la mujer del Petraco, los del 2º.
- ¿Cómo sabe usted, Paquita, que tengo el minocarpio?
- Me lo dijo el panadero, que llevaba empanadillas.
Y entonces pensé "ah, claro, la típica 3-14 pero invertida". Los olvidos se me recordaron antes de mañana al amanecer.
Minocarpio es el síndrome de Gromenauer, no puedor, no puedor, me decía enfrente del espejo con los ojos como pétalos de cucarachas y de escarcha.
No puedo controlarme, la medicación no funciona. Bueno, no hay medicación, pero me drogo a diario. Esto es imposible...
Después de esta treta mascullante, he tomado una decisión (me parto el ojete, tío): no voy a ir a comprar al Pryca; voy allí a comprar y doy más vueltas que Willy Fog.
Creo que me muero. No tengo buen aspecto. Me ha salido un perro en el huevo izquierdo y no hay bozal de tal calibre que le pueda cerrar la boca.
Desde que me levanto hasta que me acuesto, noto en mí el gorrioncito que cacé de niño en Villamancos... Recuerdo Villamancos, cuando era pequeño, los niños jugando, el afilador... ah, no. Los esparragos eran muy ricos tomando una cañita al aire fresco del sol. El párroco tocaba el clavicordio y se le caían duros de las patatas. Fue el alcalde con solo seis años; en el país de los mancos, el rey es el que se da pajas con la mano.
Continuará...