viernes, 12 de noviembre de 2010

Distraído

Desesperanza, fracaso, incapacidad… palabras así me asaltan en mitad de la vida. Manos que, desde el oscuro fondo de un pozo a cuyo borde me aferro para no caer, me agarran los tobillos y tiran de mí hacia abajo señalándome el abismo. Voces que me reclaman, que me quieren disuadir de que es más cierta la oscuridad en la que habitan que la luz que pretendo.

Serenidad, éxito, confianza… ideas con las que juego en mi cabeza. Luz sobre ella, un murmullo de aguas mansas, el aire limpio ahí afuera. Voces éstas, también en reclamo, que me dicen que es posible.

Y yo en el mismísimo centro, ingrávido, inmóvil entre fuerzas opuestas, distraído escuchando una y otra vez todos los movimientos de una sinfonía disonante.

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